Fin

Finalidad

Final 

Fin

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Lara

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Armandito Manduca. Eurovillas

Creer en él es creer en todo

Cuando le quitaron el barco grande amó al barco pequeño que guardaba en la bodega. Cuando se hundió su barco pequeño amó a la barquita de al lado, a la que se subió.

Cuando desapareció la barca, amó a la tabla que le dejaron. Cuando se quedó sin tabla, amó al mar.

Cuando dejó de flotar, el mar le devolvió sin cesar al mar.

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Eu

Cuando era pequeño y hasta las 21 años leía continuamente ficción.

Yo, por mi experiencia, soñaba al dormir. Sabía cómo funcionaban los sueños.

Incluso soñaba objetivos a realizar para poder dormir. Si no conseguía, por ejemplo, saltar de tabla en tabla sobre el mar me sería imposible dormir. Me incorporaba y alucinaba.

Me hice experto en sueños al delirar en ellos y tener que dominarlos para poder dormir.

Cuando soñaba que moría y despertaba agradecía el estar vivo. Entendí que mis pesadillas eran una afirmación de la vida.

Cuando leía continuamente ficción antes de dormir y llegaba a la parte en que el personaje soñaba, no lo leía. Sabía que era mentira, la mayor mentira del libro.

Entonces – antes – no sospechaba del resto.

Me di cuenta de que los sueños inventados siempre tenían un sentido total.

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Eurovillas / Ciudad de las Américas

Periodismo local en bicicleta

Todo empieza y acaba con una identidad o una matrícula

El de la primera fotografía es el Isra, quien de pequeño encontró un antiguo mapa de Eurovillas. Todavía no le conocía, pero con el tiempo nos hicimos amigos y después – junio de 2013 – fuimos a buscar en Nuevo Baztán el vino de la tierra.

Me dijo: “Creo que en el ayuntamiento puede haber un mapa antiguo de Eurovillas, y recuerdo que entonces estaba dividida en zonas”. “Ea, puede ser”, dije yo. Total, que fuimos allí y allí lo tenían, lleno de polvo y debajo de 67 carpetas rojas.

Nos lo llevamos y vi que el Isra tenía razón, pues cuando se fundó Eurovillas, a finales de los años 60, el territorio se encontraba dividido en zonas, y no en calles como actualmente. Me lo repetía siempre: “Tú no vives en la Kiel, vives en East Park, yo no vivo en la Versalles, vivo en Valle Vista, el Manduca no vive en la Calle 11, vive en Lake Shore”.

Y llegó el Manduca – tras viajar por Francia y ser traicionado por el mar de Cannes – y recordó: “Claro, yo recuerdo el lago que había enfrente de casa cuando era pequeño (se drenó a finales de los 90), hemos vivido siempre en la orilla del lago, shore significa orilla en inglés”

¿Cómo?

Durante dos días, a la mañana y a la tarde, recorrimos todas las calles de Eurovillas buscando los restos de aquella Ciudad de las Américas. Lo hicimos en bicicletas de 18 marchas (3 platos y 6 piñones).

La mayoría de estos recuerdos están en casas de la época, pero otros sólo los hemos podido encontrar en las cajas del alumbrado público.

Apenas quedan ya recuerdos de aquello.

Fotografías 

En la primera fotografía aparece el Isra con una matrícula cuyo nombre es el de una de las zonas (Posada II). La segunda fotografía es el mapa antiguo de Eurovillas.

Tras estas dos fotografías aparecen todas las zonas que hemos podido encontrar viajando en bicicleta por Eurovillas.

La última fotografía es el mapa de Eurovillas en 1973, cuando apenas había casas construidas. La persona es Manduca. El lugar es la Entidad de Conservación de Eurovillas (ECE)

Historia conocida

Las primeras construcciones en la Ciudad de las Américas se iniciaron en 1966. El objetivo inicial era alojar a los extranjeros (sobre todo estadounidenses) que trabajaban en la base aérea militar de Torrejón. España entró en la ONU en 1955, de ahí todo.

En seguida el nombre de Ciudad de las Américas se cambió por el de Eurovillas.

En 1988 se puso el nombre a las calles con ciudades europeas y se eliminó la distribución por zonas, este proceso se conoce como reparcelación. España entró en la Comunidad Económica Europea (hoy denominada Unión Europea) en 1986, de ahí todo.

El mapa es el territorio (zonas de Eurovillas)

También se incluye a continuación el significado del nombre de varias zonas con el objetivo de entender aquella Ciudad de las Américas, que era como se hubiese llamado Eurovillas si no hubiese existido la presión creciente de Europa y el olvido de Florida, América central y del sur.

No están todas las zonas, faltan las siguientes: Camaina (existe Canaima, que está en Venezuela. Tras buscar en internet parece un error del que lo puso aquí, ya que cambió la eme por la ene), Taminez (apellido típico americano), Posada Estates (atención al error de Estates, que debería ser States), Condado II, Condado, Cacique I y III, Posada de Castilla y Ranchitos Sur (el rancho es una vivienda austera en Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay o improvisada en Venezuela).

Sí hemos encontrado las siguientes: La Florida (primer territorio de EE.UU. al que llegaron los españoles), Valle Vista, Cerros Verdes, Europarque (el germen del cambio), Park East, Parque, Park South, La Cañada, Cacique II (cacique era el nombre dado al jefe de los territorios de las Antillas – islas de América central –  antes de la conquista española), East Lake, Lake Shore, La Ponderosa, Montevista, Las Lomas, Posada Castilla II, Guacaipuro (nativo indígena venezolano del siglo XVI que se enfrentó a los españoles), Quisqueya (nombre literario para referirse a la República Dominicana) y Borinquen (nombre con el que se identificaba antiguamente a la isla de Puerto Rico).

Queda y falta

Saber por qué hay en Eurovillas una calle que se llama Quintanar.                                   Según la ECE la respuesta la tiene la alcaldesa de Villar del Olmo.

El Isra con la matrícula de Posada II

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El mapa antiguo de Eurovillas

(no se ve muy bien, pero al pinchar se agranda – aparece una lupita – y podrías ver tu casa)

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El mapa es el territorio

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La Cañada

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Valle Vista

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Europarque

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La Florida

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Cerrros Verdes

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La Ponderosa

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South Lake

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Montevista

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Las Lomas

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Borinquen

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Cacique II

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Guacaipuro

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Lake Shore

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Posada Castilla II

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Quiesqueya

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East Lake

Parque

Parque

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FINalidad

La otra identidad / El otro

Cuando somos pequeños oímos multitud de historias sobre aventuras, tierras ignotas, tesoros en islas perdidas y océanos llenos de bestias sobrenaturales. Todo ello va formando un universo mítico en la mente de los niños, muchos de los cuales sueñan (o soñaban) con encontrar ese tesoro escondido o descubrir qué hay más allá de las montañas azules. A mí de pequeño me entró una pasión enfermiza por la geografía. Devoraba mapas. Sí, era desos que se sabían todas las capitales del mundo (no porque quisiera, sino porque cada vez que veía un nombre extraño escrito sobre una tierra lejana  se me quedaba grabado, no podía hacer nada por evitarlo). Y viendo mi casa sobre un mapa quise explorar los alrededores. Nos reunimos varios amigos y nos colábamos en casas abandonadas, dábamos largos paseos por el campo y por la noche, en medio de la llanura, contemplábamos en el horizonte los fuegos tarkovskianos del comienzo del verano. En una destas andanzas, entre las ruinas del hogar del fundador de nuestra ciudad encontré un extraño mapa. Aparecía la urbanización en la que vivo tal cual está hoy, sólo que con una pequeña diferencia. Las calles no existían, las casas estaban distribuidas por barrios de extraño nombre (Borinquen, East Lake, Guacaipuro…). Aquello sonaba a otro continente. Pero, cosas de la infancia, que al vivir el momento y no pensar en el futuro, aquel mapa desapareció en el tiempo.

Hace unas semanas, un buen amigo mío me llamó por teléfono diciéndome que había encontrado antiguas inscripciones en algunas casas de la urbanización. Entonces me acordé del viejo mapa. Y efectivamente, escondidos tras la hiedra y las arizónicas, testigos incómodos del orden actual de calles y números, estaban aquellos nombres de origen desconocido. Fuimos al ayuntamiento a investigar y, por un azar, uno de los empleados recordó haber visto un mapa de nuestra urbanización que seguía la antigua nomenclatura. Nos lo mostró y aquello fue sol de verano. Como antaño, como en el pasado siglo, cogimos nuestras bicis (tener moto en una gran urbanización da cierto prestigio, tener coche es el no va más), pero por alguna extraña atávica razón nosotros nos movemos en bicicleta. Recorrimos todos los rincones buscando los restos de la antigua división, algunos habían desaparecido, otros proclamaban el orgullo inútil de seguir estando ahí aunque ya casi nadie sabía qué significaban. Ahora ya sabíamos algo más, algo que muy poca gente sabía. Lo habíamos conseguido, éramos niños, teníamos una historia.

Wenceslao de Ayuso

FINal

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El Toboso

La gaviota (o gaivota en portugués) vuela de forma previsible, se deja llevar frente al mar por el viento y desde arriba observa, pero es perfecta.

La golondrina (o andorinha en portugués) vuela de forma imprevisible, nunca se podrá saber su rumbo al cazar insectos para alimentarse.

A la gaviota nadie la mata por la belleza de su dejarse llevar volando, a la golondrina nadie pueda matarla por casi imposible.

En El Toboso hay miles de golondrinas que vuelan siempre, sobre todo cuando el sol comienza a irse y el cielo se oscurece para que el calor que queda de sabor a las cepas, las viñas, las uvas y los sarmientos.

En un pueblo donde el vino es tan esencial como la religión católica los rebaños de ovejas se pasean por las calles dejando olor a mierda de oveja y la impresión de que siempre se vivió así.

El Toboso está en medio de los campos manchegos, llenos de viñas y cereales. Este paisaje no tiene final a la vista, todo es plano y termina donde la Tierra comienza a dar la vuelta. El sol se va por el suelo, por la tierra. Se tiene la impresión de que se puede avanzar hasta el final, y que luego allí, a no ser que esté el mar (donde habría gaviotas), se podría seguir andando y andando.

El paisaje manchego explica el por qué de la necesidad de los barcos.

La primera fotografía muestra la iglesia tan esencial para El Toboso, y todas esas miles de golondrinas que vuelan sin rumbo fijo. También las antenas de televisión,  que permiten televisiones siempre encendidas. (Para hacer esta foto me subí a un cubo de basura verde, y una señora me dijo: “Muchacho, que te vas a caer, vete anca (a casa de) tu abuela ya”

La segunda fotografía es la iglesia desde más cerca. Más golondrinas, más una chimenea.

La tercera está hecha dentro de unas viñas de uva verdejo, es decir, para hacer vino blanco joven. Lo que se ve se llaman pámpanas. El poste es actual.

En la última fotografía aparece un montón de ceporros, cepas no productivas y usadas para mantener el fuego.

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Miguel, un pastor de El Toboso

Miguel, el hombre que aparece, nació en 1957. Tiene un rebaño de 160 ovejas (algunas esperan en casa), 5 machos (uno está indispuesto y no ha salido a pasear), algunos corderos (que esperan a las madres) y 2 perras pastoras (con nombres de mujeres).

El rebaño pasea tras comer por El Toboso y van a beber agua. Allí, en la casa de las ovejas, Miguel se cambia de ropa y con el mono azul las cuida. Las utiliza para queso, lana y carne   (la de los corderos de no más de 12 kilos).

“Es un trabajo muy esclavo”.

“Cada 50 ovejas para un macho, más o menos”.

Miguel también recuerda que de pequeño una chica mayor que él era muy alta.

“Las chicas echaban a andar antes”.

Miguel, de El Toboso, como aquel campesino de Răşinari (Rumanía), lleva desde niño – como lo hacía su padre – cuidando de las ovejas, generaciones y generaciones de ovejas.

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